índice de
este estudio
fascículo
0 fascículo 1 fascículo 2 fascículo
3 fascículo 4 fascículo 5 fascículo
6 fascículo 7 fascículo 8 fascículo
8bis fascículo 9 fascículo 10 fascículo
11 fascículo 12 fascículo 13
Estudio publicado en CD
en 1999 por Laboratorios Esteve con el título
PREVENCIÓN DE LOS TRASTORNOS DE LA ALIMENTACIÓN
bajo la dirección del Dr.
Turón
fascículo 0
GRUPOS DE AYUDA MUTUA DE FAMILIARES
EL PAPEL DE LOS PADRES
En el tratamiento de los trastornos de la conducta alimentaria, siempre ha desempeñado un papel fundamental la colaboración y ayuda de los padres. Se ha observado que es más efectivo buscar esta ayuda en el marco grupal además de individualmente.
Independientemente del papel que hayan podido tener en la génesis y evolución del trastorno, es indispensable contar con su colaboración en el tratamiento. El proceso por el que los padres llegan a comprender la Anorexia o la Bulimia en todas sus dimensiones puede ser en ocasiones largo y siempre doloroso.
LOS GRUPOS DE PADRES
Un importante instrumento terapéutico en el proceso de tratamiento de estas pacientes son los llamados grupos de padres. Se trata de los padres o familiares responsables de un grupo de pacientes que en ese momento están recibiendo tratamiento por un equipo determinado, en otros casos el nexo común de los padres es la localización geográfica o la pertenencia a una asociación.
Con los grupos se aseguran no sólo cambios fundamentales en las relaciones entre los miembros de la familia sino también se convierten en un recurso fundamental de tratamiento. A través de los padres se consigue una buena adherencia de la paciente al programa. Los padres, una vez bien instruidos, actúan como coterapeutas, colaboran dando un apoyo efectivo y afectivo a la paciente y aplicando las normas conductuales precisas para su normalización física y psicológica.
Estos grupos pueden estructurarse de diferentes maneras unos son de ayuda mutua, creados al amparo de una institución u organización. Otros son psicopedagógicos, lugar de encuentro y reunión de familias interesadas en obtener la mejor y más puntual información sobre el proceso de la enfermedad, su tratamiento y cómo colaborar en él. En otros casos los grupos de padres tienen un marcado carácter terapéutico, se reúnen a fin de mejorar ciertos aspectos relacionales que pueden tener influencias negativas en las pacientes.
Al principio, en los grupos, los padres buscan información sobre la enfermedad de sus hijas. A menudo preguntan por las soluciones y cómo podrían o deberían actuar ante de ciertos problemas. Es importante que en el marco del grupo los padres compartan sus experiencias comunes. La persona que dirige el grupo, debe guiarlo a explorar y sobrellevar la variedad de sentimientos que surgen frente a la enfermedad de sus hijas.
El grupo cohesiona a sus miembros y los sentimientos de frustración y desacuerdo de algunos se diluyen en otros más positivos de todo el grupo. Cada uno comprende que es tanto o más importante aprender de los terapeutas como de las experiencias de otros miembros.
Al mismo tiempo que los padres aprenden y comprenden cuál es su rol en el proceso del tratamiento, maduran paralelamente a sus hijas y mejoran en su capacidad de enfrentarse a los síntomas de la enfermedad. Superan los sentimientos de culpa, rabia, vergüenza e impotencia y se tornan capaces de dar y recibir ayuda, apoyo y afecto. Esto les tranquiliza y da fuerzas para seguir. A través de la actividad grupal se aprende a superar el aislamiento, la desmoralización y los sentimientos de fracaso, se contribuye a mejorar la autoestima y a ser más eficaz en la ayuda a la paciente.
El grupo ofrece una red de ayuda a los padres, que obtienen consejos de otros padres y miembros del grupo, experimentando que es una experiencia gratificante poder ofrecer algo a los demás.
Estos grupos no deben ser considerados como estrictamente terapéuticos para los padres, son grupos de los que no se busca ni se espera sólo el bienestar de sus miembros, lo que sí puede ser un primer objetivo, pero lo más importante es capacitarlos para que se conviertan también en un instrumento terapéutico para sus hijas enfermas.
Deben conocer cuál es su campo de actuación, tener capacidad para recuperar su papel dentro de la familia, reestructurar las relaciones de los diferentes miembros y saber aplicar aquellas medidas terapéuticas precisas. La seguridad en sí mismos y la confianza en el programa terapéutico son fundamentales.
La cohesión entre los miembros, la comunión de intereses, y los sentimientos compartidos pueden hacer de los grupos de padres las células sociales imprescindibles para sensibilizar a la población y a los gestores de la salud, no ya para mejorar, sino para crear los recursos imprescindibles para UN PROBLEMA DE SALUD PÚBLICA QUE ADOPTA CARACTERÍSTICAS EPIDÉMICAS.
índice de
este estudio
fascículo 0 fascículo 1 fascículo
2 fascículo 3 fascículo 4 fascículo
5 fascículo 6 fascículo 7 fascículo
8 fascículo 8bis fascículo 9 fascículo
10 fascículo 11 fascículo 12 fascículo
13
página inicial